Nuestra mala autoestima no sólo nos afecta a nosotras mismas


A veces creemos que nuestros problemas personales son sólo nuestros, y que no afecta nada a los demás. 


Pero todo lo que nos afecta a nosotras, también afecta a quien nos rodea. Todo el mundo está interconectado, y nuestras pequeñas cosas acaban teniendo consecuencias sobre otras personas en modos que ni se nos ocurre pensar.

No podemos escapar de quienes somos al relacionarnos con otras personas, hagamos lo que hagamos, somos quienes somos. La historia no se borra, se suma. 

Por eso a la hora de observar nuestras dificultades con la autoestima es muy importante entender que de ella depende la forma en la que nos tratan las personas de nuestro alrededor, pues a través de la autoimagen, de la idea que tenemos acerca de nosotros mismos, les enseñamos a los demás cómo tratarnos. 



Si tu autoestima está mal, los demás te verán mal: Si tienes la autoestima desequilibrada puedes provocar dos versiones de ti misma, a escoger: la víctima minusválida o la sabelotodo rígida. Ambas versiones tienen el mismo problema de no saber valorarse, pero se refleja en polos diferentes y opuestos. Según cómo nos comportemos, así nos verán por no haber sabido tener la autoestima equilibrada. : 

Señales de una autoestima desequilibrada: Negarse a reconocer los errores cometidos. Decir sí cuando queremos decir no. Prohibirnos placer o vivirlo con sentimiento de culpa; no nos compramos algo que queremos aun teniendo el dinero, o si lo hacemos sentimos culpa. Esto refleja que no nos vemos merecedoras. Autocastigarnos, llamarnos de forma despectiva cuando no tenemos los resultados deseados… 



Criticamos quienes somos en lugar de lo que hicimos. ¿Qué hacer si ya nos hemos metido en el callejón sin salida de la autoestima desequilibrada? Aceptarnos tal cuál somos, renunciar a la idea de lo que nos gustaría ser para aceptar lo que somos y como somos.




Tal vez eso suponga llegar a amar las lonjas de 20 cm, la estatura que tenemos y comprender que muchas veces nos sometemos a los estándares de otros para apreciar el valor que tenemos. 


Por supuesto, siguiendo el ejemplo, aceptar tu cuerpo no implica que te quedes con una obesidad que ponga en riesgo tu vida; sólo significa que al poder aceptarlo tomes conciencia que esa grasa está ahí porque la has construido tú, y ahora sin enojo y sin rabia vas a amarla y hacer algo diferente por amor a ti misma, como por ejemplo adelgazar, pero desde una motivación de querer buscar estar saludable, por amor a ti misma, no como castigo. : 








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